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Estas son las decisiones importantes en la vida

En una entrada anterior hablamos sobre cómo tomar buenas decisiones. Mencioné brevemente un apartado acerca de las decisiones importantes en la vida. Acá quiero ampliar un poco más el tema 🙂

Según un estudio del neurocientífico Moran Cerf, las relaciones sociales tienen un impacto considerable en nuestra felicidad. De ahí la gran importancia de darle más valor al hecho de escoger con quién o quienes vamos a pasar nuestro tiempo. Compartir nuestra vida. 

Entregarles las llaves para que conozcan más acerca de nosotros. En realidad, son decisiones que, sin exagerar, nos van a marcar de por vida.

Al hablar de decisiones importantes en la vida se infiere que hay una escala implícita donde puede existir decisiones que no son tan importantes. El enfoque que le vamos a dar de importancia a las decisiones en esta entrada, tiene que ver con los cimientos que considero estarán soportando nuestra vida a lo largo de los años.

Es claro también que de estas decisiones macro se desprenden otras micro, que por supuesto también tienen su grado de significación, pero que ahora no las habremos de tratar.

5 decisiones importantes en la vida

Importante señalar que si bien estos puntos son una guía interesante para evaluar cómo le funciona a cada uno, debemos otorgarle la valoración correcta. Como siempre, encontrar el equilibrio. No valorar estas decisiones como extremas al punto que puedan otorgarle una carga que se traduzca en ansiedad.

O también que pueda llevarnos a caer en el síndrome de parálisis por análisis. Tampoco caer en el extremo de no valorar la toma de decisiones y rayar con la indiferencia.

Dicho esto, acá tienes las que creo son las decisiones importantes en la vida:

1. Establecer nuestros principios

Establecer una plataforma claramente definida en dónde nos vamos a situar a lo largo de nuestra vida para tomar cualquier tipo de decisión. Debemos conectar nuestros principios a nuestra fe, creencias o cosmovisión en general. 

Esto lo llamo la lista de los innegociables. Aquello que no permito que esté sujeto a revisión en cualquier tipo de decisión porque lo considero parte fundamental de mi estilo o forma de ver la vida.

Aclaro que el innegociable tiene que responder a un análisis previo del principio que se haya establecido. No tiene que ver con la inflexibilidad frente al cambio.

Se entiende que el principio trae consigo una carga positiva que va a influenciar tanto a la persona como su entorno. También le podemos atribuir el nombre de valores universales. Samuel Clavel, en su libro ¿Cómo fabrico mi queso? Porque el concepto de cambio… cambió, menciona respecto a los valores universales:

“Trascienden las barreras de tiempo, cultura e idioma. Conceptos como el servicio, la paz, la unidad, el respeto, la hermandad y la unión familiar, son ejemplos de valores universales y probados por el tiempo” 

Lo recomendable es cuestionarse el porqué y para qué, a fin de que tenga una mayor consistencia en nuestro sistema de creencias.

Cuando anclamos nuestras decisiones a un fundamento sólido, será más fácil movernos por la vida con más consistencia y hacia donde queremos. Esto es clave. Por el contrario, al no tenerlo claro, tal vez otro a nuestro alrededor si lo tenga muy claro, y nos lleve a dónde le plazca y nosotros, ni preguntamos.

Por ejemplo, si en la oficina a Guillermo le piden maquillar un informe para mostrar al jefe que todo anda de maravilla cuando en realidad no es así, antes de tomar la decisión de hacerlo o no, Guillermo puede situarse sobre la plataforma de sus principios y prioridades, y cuestionarse: 

  • ¿Es más importante agradar a mi jefe que mantener mi coherencia moral?
  • Si al rehusarme a hacerlo puede peligrar mi posición en la empresa ¿puede más la presión por ganar un sueldo que mantener en coherencia con mis actos y mis principios?
  • ¿Le doy más importancia al dinero que a mis principios y por esa razón prefiero mentir a que me saquen de la empresa?
  • ¿Cómo puedo hallar en la asertividad un recurso para poder manifestar mi desacuerdo sin que ello implique una consecuencia negativa?

Para dar respuesta a estas preguntas, Guillermo tendría que haber considerado esta lista de prioridades y principios para que pueda vivir una vida tranquila y equilibrada ya que el mensaje que está transmitiendo con su estilo de vida, va en coherencia con su sistema de creencias.

2. Construir un propósito y trabajar por él

Tener la visión lo más clara y despejada posible para saber a dónde queremos llegar. Bien lo menciona un dicho popular: “si no sabes a dónde vas, cualquier bus te sirve”.

Es uno de los fundamentos básicos de una empresa o emprendimiento. Establecer la visión para luego trabajar en los puntos de la misión que nos van a llevar a alcanzar este objetivo macro.

Y tiene mucho sentido práctico para nuestra vida. Créeme que aparte de ayudarnos a enfocarnos en lo positivo para nosotros, nos va a evitar muchos dolores de cabeza y prevenir decepciones en las relaciones con los demás.

Al establecer un propósito o una visión clara, le hacemos un favor anticipado a nuestro sistema emocional: le ahorraremos buena cantidad de desgastes y sensaciones negativas.

También, cuando tienes un propósito en tu vida, te levantes con mayor energía y tu ser se equipa para trabajar en función de eso que te has establecido. Te levantarás de tu cama y vivirás ese día con un motivo. 

TODOS tenemos en nosotros semillas que deben ser descubiertas para empezar a sembrar y encaminarnos a disfrutar la vida tanto y tan pronto como sea posible.

Basta ya del típico ruido de nuestro miedo interior que nos suele gritar: tu no sirves para nada, no vale la pena, no tienes lo suficiente.

En su libro el poder de ser significativo, John Maxwell nos habla que todos tenemos el potencial y la capacidad de construir un propósito particular.

Además que podemos darle un significado que va a influir tanto en nosotros como en nuestro entorno.

Entender que estamos en esta tierra para tener un impacto, nos ayuda a no perder el tiempo en seguir caminos que no conducen a ningún sitio y compartir tiempo con personas que nos distraen de nuestro verdadero rumbo.


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3. Escoger con sabiduría a nuestros amigos

Rodearnos de las personas correctas nos ayuda a cumplir nuestros objetivos. Muy relacionado con el propósito. Cuando sabes que es lo que quieres, vas a generar filtros claros para determinar con quién sí y con quien no te vas a relacionar.

Por ello incluí este apartado de los amigos dentro de las decisiones importantes en la vida.

En una relación de amistad se suele abrir el corazón. Se les invita para que entren a varias áreas de nuestra vida. Esto hace que estemos expuestos, lo cual es bueno para nutrir una relación, pero si se hace con las personas incorrectas, el daño puede ser muy significativo.

Esto no quiere decir que debamos ser prevenidos, sino más bien, selectivos.

De la misma manera que relacionarnos correctamente nos acerca a nuestros objetivos, relacionarnos de forma incorrecta nos aleja de ellos.

La Palabra lo resume con precisión:

“No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres».” 1Cor 15:33 NBLA

Y es que los amigos son de gran ayuda para nuestra vida, sin duda alguna. Un estudio de la Universidad de Oxford llega a afirmar que los amigos son mejores que la morfina misma. Esto gracias al neurotransmisor conocido como dopamina, que entre otras cosas ayuda al procesamiento del dolor.

Dicho en otras palabras: los amigos ayudan a aliviar nuestro dolor 🙂

Adicionalmente, este estudio señala que la cantidad y calidad de relaciones sociales que mantengamos va a tener un impacto significativo en nuestra salud física y mental. También puede influenciar en incrementar nuestra expectativa de vida.

Por otro lado, un estudio afirma que la soledad tiene consecuencias negativas para nuestra salud.

En resumen, es importante encontrar un equilibrio entre la soledad y la hiper-sociabilidad para contribuir a llevar una vida balanceada y sana.

4. Construir una relación sana con el dinero

La forma en la que gastamos o invertimos nuestro dinero es una buena manera de identificar faltantes en nuestra vida.

De ahí la importancia de incluir nuestra relación con el dinero dentro de un proceso de sanidad integral.

Ejemplo. Lucia no fue debidamente reafirmada por sus padres respecto a su identidad. Ese vacío de prestigio buscará entonces ser llenado de alguna manera a lo largo de su vida.

Al no ser consciente de este vacío para poderlo gestionar correctamente, Lucía le está entregando el timón de sus decisiones a la incertidumbre. Su cerebro podría encontrar en el dinero el medio idóneo para llenar aquello que no recibió y que le hace falta: la necesidad de prestigio o ser alabada.

Lucía se da cuenta que cada vez que se va de shopping, llega a ella una sensación bastante agradable. Es más, cuando llegan a ella estados de tristeza, confusión, desánimo; les asigna una valoración negativa.

Descubre que las compras son un gran remedio para pasar de un estado “malo” a otro “bueno”, fácil y rápidamente.

Esta conducta se refuerza cuando llega a casa y comparte su experiencia con su familia. Se sigue incrementando cuando lo comparte con sus amigas en su próxima salida. Y todavía más, cuando este círculo de personas responde a esta actitud positivamente con palabras de afirmación. 

Mediante este proceso, Lucía encontró llenar su vacío y usó al dinero como medio.

Nada de lo anterior está mal en sí mismo. El verdadero problema radica en el significado que ella le está otorgando a lo que está haciendo. Aún cuando ella misma no es del todo consciente de dicha forma de actuar. 

Lo que debió haber sido algo natural de entregar de parte de sus padres, ella ahora lo tiene que buscar de alguna manera para estar en equilibrio.

Lamentablemente, lo más fácil y práctico para nuestro cerebro no siempre resulta ser lo más beneficioso para nosotros.

Otro ejemplo lo vemos cuando desde niños crecimos escuchando algo como: los ricos son malos o el dinero corrompe.

Así, se forma un prejuicio respecto al dinero y sin saberlo, creamos una mentalidad de escasez asociada al hecho de que tener dinero implica necesariamente ser malo en consecuencia.

De aquí la importancia de detenernos a revisar constantemente las diferentes áreas de nuestra vida y pasarlas por el filtro de la objetividad para determinar cuánto equipaje de prejuicios y formas de pensar estoy cargando de otros, y empezar un proceso de depuración.

Debemos sanar nuestra relación con el dinero para aprender a usarlo con sabiduría.

5. Escoger sabiamente a nuestra pareja

El último punto de las decisiones importantes en la vida (seguro hay muchos más pero no quiero aburrirte de lo largo del post).

Hay quienes tienen el poderoso don de la abstinencia o celibato. Solo ustedes pueden omitir este punto 🙂

Para el resto de la humanidad, el acierto o desacierto en consolidar una relación de pareja puede acarrear o bien la potenciación del mencionado propósito, o por el contrario, sumirnos en un valle atemporal donde muchos se acostumbran a vivir y hacen de ese lugar una cálida pero oscura morada, con consecuencias desastrosas.

Y en esto último sí que podemos acordar todos que no exagero.

Cuando sabemos a dónde queremos llegar, debemos y podemos estar en la capacidad de escoger a nuestro compañero de viaje.

La causa de muchos problemas en las relaciones es que insistimos hasta la muerte en estar con alguien que ni siquiera conocemos lo suficiente (o paradójicamente, conocemos bastante) para saber que no es la compañía adecuada para alcanzar nuestros objetivos.

Valga aclarar que no apoyo el divorcio. Lo que sí enfatizo constantemente es en la evaluación consciente, coherente y razonada que debemos realizar antes de tomar una decisión trascendental como el matrimonio, por ejemplo. 

Potencialmente fruto de esta unión vendrán los hijos y lamentablemente ellos sufrirán gran parte de las consecuencias de las decisiones mal tomadas en nuestra relación como pareja. 

Se debe extender mucho más el concepto de amor a la simple definición de este como un sentimiento. Entre otras cosas, el amor es una decisión, un estilo de vida, un fundamento para cualquier tipo de relación.

De ahí que la decisión de estar con alguien, no debe reposar sólo en el corazón sino ascender un poco más y compartir algo de espacio con nuestra razón.

Para este punto suelo recomendar a mis pacientes que hagan un listado de cualidades que quisieran tener de su pareja. Acá se vale soñar 🙂

La idea es poner tanto cualidades físicas, como emocionales, intelectuales, espirituales, en fin. Entre más específica, mejor.

Luego, con la buena ayuda de la coherencia, vamos a definir cuáles de estos puntos son considerados como innegociables o imprescindibles. Es decir, que no pueden estar expuestos a ser cambiados. Y el resto de puntos serían el complemento. Estos sí que se pueden permitir no considerarlos en caso que la persona no cuente con ellos.

De lo disciplinados y coherentes que seamos al mantener estos principios claros, se abonará un camino con menos piedras, dolores, frustraciones y reproches en el proceso de seleccionar nuestro compañero de vida.

Ejemplo. Dentro de los innegociables que Ana ha establecido para una potencial pareja se encuentran:

  • Honesto
  • Transparente
  • Trabajador
  • Cariñoso

Y de los que se podrían negociar están:

  • Alto
  • Ojos claros
  • Ordenado
  • Cumplido

Suele salir con sus amigos casi que cada semana. Miguel, que hace parte del grupo, se ha mostrado insistente con invitarla a salir, pero sin compañía adicional. Ya han salido unas cuantas veces.

Ana se siente muy bien con él. Siente que podrían darse una oportunidad ya que lleva un buen tiempo sin novio y ha estado anhelando compartir tiempo con alguien.

Queriendo tomar decisiones en frío, Ana saca su lista para no apresurarse y tratar de alejar un poco sus emociones y que no le jueguen una mala pasada.

Encuentra que Miguel cumple con casi todos sus negociables: mide 1,80 metros, tiene ojos color café claro, se caracteriza por ser el más meticuloso y ordenado del grupo, y es el primero que llega a cada reunión.

Sin embargo, respecto a los innegociables, Miguel se descalificaría por dos  de esos principios. Suele tener una mala costumbre. Le ha descubierto algunas “mentiras blancas”. Le ha dicho verdades a medias.

Además, su rigidez en cuanto al orden y cumplimiento, lo lleva al extremo de volverse bastante frío y áspero al expresarse.

Al empezar a identificar que Miguel le está interesando, Ana debe tomar una decisión para involucrar o no su corazón en una relación de la que aún no tiene claro si quiere y debe alimentar, desde el punto de vista amoroso.

Algunas opciones que Ana podría considerar:

  1. Como Miguel tiene muchas cosas de las consideradas negociables y solo algunas de las innegociables, Ana puede ceder estos principios con los que él no cuenta y arriesgarse a iniciar una relación. Claro, antes de empezar debe saber que hacen falta cosas que para ella son importantes, lo cual le quitaría el “derecho” a recriminarle en un futuro a Miguel por no ser amoroso o transparente con ella, por ejemplo.
  2. Aventurarse a iniciar la relación amorosa con Miguel y tener la esperanza que ella o la vida lo va a cambiar para que se acomode a lo que ella está buscando en un hombre.
  3. Como Ana considera sus innegociables como tal, es decir, que no están sujetos a ser revisados puesto que les ha otorgado una valoración significativa, decide ponerle freno antes de involucrarse más. Sabe que más adelante va a ser más difícil cortar la relación, si es que se arrepiente de iniciar algo que sabía de antemano que no se acomodaría a sus expectativas.

Siendo objetivos el punto 3 definitivamente es el ideal. Lamentablemente me encuentro con que las personas suelen tener la tendencia de irse por la opción 1, y peor aún, la 2. Digo lamentable porque cuando nuestras decisiones dependen del cambio de otra persona, nuestro bienestar se vería comprometido pues delegamos la responsabilidad al otro.

Conclusión

Cuando nos tomamos el tiempo para reflexionar acerca de estas decisiones importantes en la vida, podemos entrar en estados de bienestar más prolongados. También, al presentarse obstáculos o vicisitudes vamos a contar con los recursos necesarios para poder afrontarlos y hacerlos parte de nuestro proceso de crecimiento.

Nuestra sanidad emocional, física y espiritual depende de nosotros mismos. No deleguemos nuestra responsabilidad en otros 🙂

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