A lo largo de mi vida pase por una serie de momentos que marcaron

y opacaron una parte de quién era yo. Todo comenzó el día en que presencié una tragedia de una persona que amé. Después de aquella pérdida tuve secuelas en las que no podía estar sola, tenía ataques de ansiedad y perdía el control sobre mi cuerpo. No podía descansar en las noches y desarrolle una depresión que me consumía; mis familiares y personas cercanas no sabían cómo ayudarme. La situación se hacía cada vez más difícil. Mi familia y yo decidimos acudir al psicólogo. Allí conocí a Natalia. En ella encontré algo que no tuve con otro profesional: “paz y tranquilidad”. Con ella no tuve miedo de hablar de mis errores, agobios y miedos, siempre me dió un mensaje sanador, sentí una mano amiga que me acompañó en el duelo. Me hizo dar cuenta de que necesitaba soltar lo que me hacía daño y por eso me siento muy agradecida de haber conocido a Natalia; es una mujer grandiosa a la cual recomiendo mucho. Recuerda, el peso y las cargas de las cosas que nos lastiman son más llevaderas cuando puedes comentarlas  y sobre todo soltarlas.

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