temor a la soledad
Inteligencia emocional

¿Temor a la soledad?

Mara está llegando a los 30 y el pasado mes su novio, Rafael,  la llevó a cenar al restaurante con mejor vista a la ciudad. Bajo la luz de la luna y una atmósfera de en sueño, le propuso que se fueran a vivir juntos. Ella, sin dudarlo, le dijo que sí. Con una copa de vino y un largo beso, sellaron su nuevo compromiso. Mara estaba muy emocionada. Hacía mucho tiempo su corazón no latía tan rápido y tan fuerte.

El temor a la soledad finalmente daba indicios de desvanecerse para siempre. Había llegado el momento de salir de casa de sus padres para vivir con el hombre que la hacía sentir feliz, el hombre de su vida. Su mente y corazón estaban extasiados por las expectativas que tenía de su nuevo compañero de vida. Creía que al vivir juntos las peleas disminuirían y que Rafael sería más amoroso y detallista que de costumbre. Dos meses después su anhelado sueño finalmente había ocurrido.

En busca de la «felicidad»

Los primeros  días fueron fantásticos. Compraron las cosas para su nuevo hogar. Se daban gusto en todo cuanto podían. Despertaban cara a cara con una mirada de amor que los hacía sentirse eternos en esos pocos minutos mañaneros. Mara no cambió sus costumbres. Ese viernes la acostumbrada noche de chicas tuvo lugar en el sitio habitual. Un aire de intriga (y mucho morbo, por supuesto) rondaba el ambiente. Ansiaban el momento en el que Mara finalmente las actualizara acerca de su nueva vida con Rafael.

Paula, la mejor amiga de Mara, tan pronto como la saludó, sin vacilar, se animó a iniciar la tertulia con preguntas directas. Mara, sonrojada, contesta: bien, vamos acoplándonos. Decidió prontamente en cambiar de tema. Fue evidente su extraña reacción. Todas esperaban que contara algo grandioso, pero nada de eso no sucedió. Al otro día, Paula la llamó para hablar al respecto. Mara, una vez más, la evadió. Como si un globo se estuviera inflando hasta más allá de su capacidad, Mara no pudo contener más su afluente de lágrimas y estalló.

Al otro lado de la línea, Paula tan solo podía recibir de su gran amiga los bultos cargados de frustración. Su amiga del alma no paraba de hablar. La indiferencia de Rafael la estaba desesperando. Los pocos e inexistentes detalles de parte de él sólo añadían más tristeza a su corazón. La palabra amor y felicidad eran palabras extranjeras en su nuevo diccionario. Sentía ganas de salir huyendo, pero tenía miedo de fracasar y quedarse sola, una vez más. Es lo que hay, decía sollozando. Finalmente, secó rápidamente sus lágrimas, cambió su tono de voz y pidió a Paula olvidar la conversación. Su decisión, añadía, era luchar e ignorar lo que le disgustaba de Rafael para no fracasar. A fin de cuentas, era mejor aguantar que volver a la desgraciada soltería.

El temor a la soledad no debe estar en tu diccionario

El caso de Mara representa, en resumen, uno de los principales motivos por los cuales muchos llegan a mi consultorio. El temor a fracasar y el temor a la soledad, puede mantenernos en un círculo vicioso en el que nos estancamos e impedimos el avance hacia los regalos que Dios tiene para nosotros. Mientras esto ocurre, le otorgamos a nuestra mente el derecho de contaminar nuestro ser con pensamientos irracionales, que se clavan en lo profundo de nuestro corazón para producir emociones negativas, que al final brotan a través de nuestro comportamiento.

Si queremos cortar con ese círculo vicioso nuestra labor es tomar las riendas de lo que somos. Cierra el ciclo. Sólo así podremos empezar a reconocernos y conocernos, amarnos y respetarnos. Allí nos pondremos en el lugar que siempre hemos debido estar. Pasamos de ser el plato de segunda mesa, al plato principal. El temor a la soledad será el trampolín que nos llevará a lugares más altos.

Ponle tu mejor cara a cualquier temor ose asomarse a tu ventana. Muéstrale cuánto te amas, te conoces y todo lo que vales. Quita la venda de tus ojos, cambia tu perspectiva y saca el ser creativo que hay en ti al enfrentar cada situación que se ponga en tus pies. Evitar e ignorar la situación no va a hacer que desaparezca. Hablar, exponer, confrontar y expresar, sí lo puede hacer.

Tu eres quien define lo qué es el temor y así mismo eres el encargado de cambiar tu perspectiva. Cuesta cuando no estamos acostumbrados a hacer valoraciones optimistas, pero en la medida en la que lo pongas en práctica, serás un maestro, que usa los temores como trampolín para volar más alto!

 

¿Por cuáles situaciones estás pasando o has pasado que se asemejan al caso de Mara? ¡Te leo! 😉 

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