dolores de mi pasado
Cierre de ciclos,Inteligencia emocional

¿Soy el resultado presente del dolor de mi pasado?

Mira por el retrovisor de tu vida y piensa si esto tiene sentido.

No sé lo que estás viviendo o por lo que estás pasando a nivel emocional, pero lo que sí puedo anticipar es que seguramente eso es el resultado de situaciones que nunca has tratado; que has silenciado porque no crees que sea algo relevante o por el contrario, dolieron tanto que decidiste dejarlas en un baúl con llave.

En algún momento de nuestra vida nos visitan los dolores emocionales sin un motivo aparente. Buscamos culpables pero no podemos identificarlos con claridad. Pasan los días y ya no los vemos. Volvemos a la normalidad, sin embargo, no tardan mucho en volver a  golpear la puerta de nuestra alma.

¿Alguna vez has sufrido de la famosa crisis existencial?

Usualmente es el nombre que asignamos a esos estados en los que nos sentimos raros, vacíos, confundidos, ansiosos, deprimidos y frustrados sin ningún motivo. 

Pero sí hay un motivo que te ocasiona esto, los dolores del pasado. Quiero que por un momento te detengas y te cuestiones acerca de tu crianza:

  • ¿Tuviste unos padres agresivos?
  • ¿Viviste en un mundo de escasez? 
  • ¿Tus padres se divorciaron y eras muy pequeño como para “entenderlo”? 
  • ¿Viste abuso físico, verbal y emocional entre tus padres? 
  • ¿Te abusaron sexualmente?
  • ¿Estuviste expuesto a bullying por parte de tus compañeros o familiares?

Estas y otras situaciones más pueden ser la causa de tus dolores emocionales en este momento, si no han sido explícitamente tratados.

¿Por qué el pasado afecta tanto mi presente?

El recuerdo y las emociones son las implicadas en este proceso. Nuestra mente procesa la información asignando una emoción. Dependiendo de la emoción que experimentamos en ese momento se establecen recuerdos que clasificamos como buenos o malos.

En nuestra niñez, ante situaciones dolorosas o desagradables expresamos eso que sentíamos a través del llanto, los berrinches, los gritos, tirando objetos, dañando nuestros juguetes o por el contrario, hicimos votos de silencio y nos llenábamos de temor ante aquel que nos lastimaba. 

A pesar de hacer esto, nuestra mente almacenó estos recuerdos y los clasificó como dolorosos porque nuestra alma sufría heridas en cada una de estas batallas.

 En la medida que crecemos, nuestros pensamientos han sido influenciados, entre otras cosas, por dichas experiencias y asignamos valoraciones en nuestro sistema de creencias con frases como: “nadie me quiere”, “no valgo nada”, “soy feo”, “todos me van a abandonar”.

Como consecuencia distorsionamos nuestra autoestima y las relaciones con otros. Al final este es el camino que desemboca en estados de depresión, ansiedad y dependencia emocional (aprende como cerrar ciclos). Me gustaría que te preguntaras si alguna vez has pasado por alguno de estos estados.

Al ser conscientes de lo que pasa por nuestro sistema emocional y asignarle el nombre correcto, iniciamos el proceso de tratar las raíces como corresponde. 

Si esto te suena familiar es momento de detenerte y trabajar enérgica y decididamente. Basta ya de ser la consecuencia de las decisiones de los demás y justificar nuestra conducta actual con eso. ¡Obvio que no es nada fácil! Créeme.

Lo he vivido en carne propia y lo he visto en pacientes y amigos mucho más seguido de lo que se puede pensar. Al final, siempre llego a la misma conclusión:

Aplazar el dolor, negarlo o hacerse el de la vista gorda, aumentará y empeorará las crisis. 

Es tiempo de tomar decisiones, comprometernos con nuestra sanidad emocional y determinarnos a emprender acciones claras que nos lleven a soltar las cadenas de condenación y dolor del pasado para tomarnos de la esperanza futura.

Sé que eres un o una valiente que lo puede lograr. ¿Por qué lo sé? Porque yo tomé la decisión y obtuve resultados diferentes. Y si yo y miles de personas lo hemos hecho, tú nos vas a superar a todos, seguro 😉

5 pasos prácticos para gestionar el dolor de mi pasado 

  1. Mira hacia tu niñez e identifica las situaciones que causaron heridas
  2. Asigna una emoción a cada situación
  3. Revisa las ideas o pensamientos asociados a la situación
  4. Anota las emociones más frecuentes y los pensamientos tóxicos asociados
  5. Tómate unos minutos para conectar con tu alma por medio del perdón a ti mismo y a otros por la culpa percibida

En la mayoría de los casos, es imprescindible la ayuda de un tercero para poder abordar una solución más asertiva e integral. No olvides la importancia de expresárselo a alguien en quién confíes o con conocimiento profesional en la materia. Ah, no olvides revisar cómo gestionar tus emociones para complementar.

Una vez identificado es más fácil abordarlo con claridad. Un paso más cerca hacia tu sanidad interior 🙂



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