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13 tips para Tomar Buenas Decisiones

A lo largo de nuestra vida nos vemos enfrentados a una constante toma de decisiones. Desde las más minúsculas hasta las más trascendentales, cada una de ellas trae consigo una consecuencia para nosotros y nuestro entorno. Vamos a hablar un poco acerca de esto y algunas recomendaciones para tomar buenas decisiones.

Inicia una nueva semana para Andrea. La noche anterior alista su ropa del día siguiente, hace una pequeña programación mental acerca del informe que tiene que presentar en su trabajo, programa un recordatorio en su celular para no olvidar el cumpleaños de Catalina, activa su alarma para despertar a las 6:00, a las 6:10 y a las 6:20 (sabe lo duro que es reactivar la rutina un lunes).

Aunque las anteriores decisiones y previsiones de Andrea son a nivel consciente, se ha estudiado que más del 95% de estas se toman a nivel inconsciente (Estallo, 2011). 

Pero esto de las decisiones inconscientes ya es para otra historia.

Ante la infinidad de posibilidades a las que nos enfrentamos a diario para decidir por algo, por lo general nuestro cerebro debe escoger tan solo una de estas opciones. Hay decisiones trascendentales sobre las cuales debemos meditar y tomarnos nuestro tiempo. 

Hay otras también que al ser tan triviales no van a representar en sí mismas una implicación importante si optamos por una u otra opción. En estas no deberíamos ocupar mucho tiempo y esfuerzo. Aunque en ocasiones a alguno de nosotros se nos cruzan los cables y ocupamos poco tiempo y dedicación a las decisiones importantes y a las triviales nos tomamos años y años :S

Definamos cada una para tenerlo más claro.

Decisiones triviales o cotidianas

El caso de Andrea puede considerarse en este grupo. Básicamente son las pequeñas decisiones que debemos tomar en nuestro día a día y que van a tener alguna influencia en nuestras actividades. 

Partimos del hecho que para ver un resultado o consecuencia, debe anteceder una acción, o también una inacción. En otras palabras, vamos a ver resultados tanto si hacemos como si no hacemos algo respecto a alguna situación en particular. 

Andrea podría no hacer nada por programar su alarma (inacción) y las consecuencias serian que despierte más tarde, que no desayune para ganar algo de tiempo, que durante el camino al trabajo sus niveles de ansiedad se incrementan, que se esté culpando todo el día, que empiece su jornada laboral con indisposición.

Todo esto tan solo por dejar de hacer algo en su día.

En el mismo caso, Andrea tuvo que tomar otras pequeñas decisiones como dedicar menos tiempo a alistarse para salir, optar por tomar un transporte público más eficiente, tomar una ruta diferente a la habitual para ganar algo de tiempo… en fin. Entre las innumerables opciones que se nos presentan en nuestro día, optamos por alguna de ellas para sencillamente llevar a cabo nuestro estilo de vida tradicional.

Para que nuestro cerebro no se tope con un caos cada vez ante cualquier decisión, su practicidad por naturaleza lo lleva a buscar automatizar la mayor cantidad de tareas posible para reducir el consumo de energía. 

Lo que para nosotros la rutina podría representar algo aburrido, para nuestro cerebro es la mejor herramienta que encuentra para evitar desgastes innecesarios.

No debemos satanizar la rutina. En su justa medida, las rutinas son necesarias, y en ocasiones imprescindibles, para asegurar nuestro bienestar mental.

Decisiones importantes en la vida

Por otro lado, nos encontramos con las decisiones que van a tener un impacto mayor en nuestro futuro. Ahora, con esto no se pretende demeritar las pequeñas decisiones ya que es claro que estas también pueden llegar a tener un gran impacto en nuestras vidas. 

Para tomar buenas decisiones debemos conocer también cuáles podrían ser algunas de ellas que se consideran como importantes o trascendentales en nuestra vida. Considero estas como las principales:

Principios

Establecer una plataforma claramente definida en donde nos vamos a situar a lo largo de nuestra vida para tomar cualquier tipo de decisión. Debemos conectar nuestros principios a nuestra fe, creencias o cosmovisión en general. Esto lo llamo la lista de los innegociables. Aquello que no permito que esté sujeto a revisión en cualquier tipo de decisión porque lo considero parte fundamental de mi estilo o forma de ver la vida.

Cuando anclamos nuestras decisiones a un fundamento sólido, será más fácil movernos por la vida con más consistencia y hacia donde queremos. Esto es clave. Por el contrario, al no tenerlo claro, tal vez otro a nuestro alrededor si lo tenga muy claro, y nos lleve a donde le plazca y nosotros, ni preguntamos.

Propósito

Tener la visión lo más clara y despejada posible para saber a dónde queremos llegar. Bien lo menciona un dicho popular: “si no sabes a dónde vas, cualquier bus te sirve”. Es uno de los fundamentos básicos de una empresa o emprendimiento. Establecer la visión para luego trabajar en los puntos de la misión que nos van a llevar a alcanzar este objetivo macro.

Al establecer un propósito o una visión clara, le hacemos un favor anticipado a nuestro sistema emocional: le ahorraremos buena cantidad de desgastes y sensaciones negativas.

Amigos

Rodearnos de las personas correctas nos ayuda a cumplir nuestros objetivos. Muy relacionado con el propósito. Cuando sabes que es lo que quieres, vas a generar filtros claros para determinar con quién sí y con quien no te vas a relacionar.

De la misma manera que relacionarnos correctamente nos acerca a nuestros objetivos, relacionarnos de forma incorrecta nos aleja de ellos.

Dinero

La forma en la que gastamos o invertimos nuestro dinero es una buena manera de identificar faltantes en nuestra vida. De ahí la importancia de incluir nuestra relación con el dinero dentro de un proceso de sanidad integral.

Debemos sanar nuestra relación con el dinero para aprender a usarlo con sabiduría.

Pareja

Hay quienes tienen el poderoso don de la abstinencia o celibato. Si cuentas con el don, omite este punto 🙂 Para el resto de la humanidad, el acierto o desacierto en consolidar una relación de pareja puede acarrear o bien la potenciación del mencionado propósito, o por el contrario, sumirnos en un valle atemporal donde muchos se acostumbran a vivir y hacen de ese lugar una cálida pero oscura morada, con consecuencias desastrosas.

Y en esto último sí que podemos acordar todos que no exagero.

De ahí que la decisión de estar con alguien, no debe reposar sólo en el corazón sino ascender un poco más y compartir algo de espacio con nuestra razón.

Acá también es importante aprender a cerrar ciclos.

13 Recomendaciones para tomar buenas decisiones 

Ahora sí. Perdón la extensión de la introducción pero creo que era importante tener ciertos puntos claros para luego saber cómo tomar buenas decisiones (Fernandez, 2016).

1. Pensar más en lo que voy a lograr que en lo que voy a perder

Tiene mucho que ver con el miedo. Cuando permitimos que el miedo sea el protagonista de nuestras decisiones es muy probable que ni siquiera nos atrevamos a movernos hacia adelante, dado que fisiológicamente esta emoción sugiere un estado de parálisis, batalla o huida.

2. Evitar la procrastinación

Esta palabra casi impronunciable a la primera está muy de moda en estos últimos años. En otras palabras es prolongar la toma de una decisión para no hacerle frente. Debemos ser determinados en tiempo y espacio para concretar aquello que queremos que pase.

3. Gestionar el miedo a equivocarse

Según como haya sido nuestra crianza, esto va a tener un impacto mayor o menor. Nuestros padres son los primeros responsables en instruirnos en asignar el valor adecuado a las equivocaciones. Haya ocurrido o no, ahora nuestra responsabilidad es determinar el significado que queremos darle al error. Lo que suelo recomendar en este punto es un principio básico muy conocido: los fracasos son los peldaños para alcanzar el éxito. En cambio, el perfeccionismo (buscar no equivocarme) esconde en el fondo un temor al rechazo.

4. Entender que ninguna decisión es gratis

Siempre debemos pagar un precio. Aún en el hecho de no tomar la decisión (parálisis como consecuencia de un análisis excesivo). El precio al que me refiero puede ser de cualquier índole: económico, tiempo, relaciones, etc. Es decir, que debemos comprender que una decisión potencialmente va a afectar diferentes áreas en nuestra vida, tanto para bien como para mal. Tal y como en el mundo de las inversiones. Debes aceptar el riesgo tanto de ganar como de perder si quieres obtener unos rendimientos considerables en tu vida.

5. Permitir equivocarse

Solemos ser bastante exigentes con nosotros mismos. Este punto difiere del tercero (miedo a equivocarse) en que en este primero ya hemos tomado la decisión. Sin embargo, cuando ocurre algo a lo cual le asignamos la valoración de fracaso o pérdida, vienen las cargas. Debemos asimilar la pérdida como parte del proceso de aprendizaje. El conocido ejemplo de Thomas Edison al inventar la bombilla: “no me equivoqué 1.000 veces sino que encontré tales formas de no hacer la bombilla”.

6. Buscar el gana gana de las partes

Al estar en un sistema de competencia continua, la presión social nos puede llevar a fundamentar la toma de decisiones bajo una perspectiva egocéntrica. Las voces que escuchamos fuera nos pueden inducir a buscar el beneficio personal sin importar el de la otra parte involucrada en una decisión. Si nuestra decisión está relacionada con una negociación, la sugerencia es pasar de una relación transaccional a una transformacional (Covey, 2015).

7. Saber identificar cuándo es momento de retirarse

Este punto es algo delicado pues tiene una línea muy fina entre conocer el momento adecuado para desistir de una decisión y desistir por pereza, falta de perseverancia, desánimo, etc. Este punto tiene que ver con llevar a cabo un proceso de evaluación en donde se defina si realmente los resultados de la decisión tomada están en coherencia con mis principios y objetivos iniciales. Si por algún motivo está generando una situación que afecte mi bienestar y el de mi entorno, y que además no dependa de mí el cambio, es momento de considerar desistir de la decisión.

8. Rodéate de personas que aporten a tu vida

Este punto difiere del hecho de estar con personas que compartan mi mismo punto de vista. Podemos estar de acuerdo aún en el desacuerdo. Esta es una relación sana y que aporta. El inconveniente viene cuando las personas en lugar de aportar con sus opiniones, inyectan toxinas que nos van retrayendo a tomar decisiones. El claro ejemplo de alguien que quiere emprender. El miedo de sus cercanos a que pierda la tradicional estabilidad en un trabajo de cuenta ajena, se transmite a este emprendedor emocionado. Puede inducir a que se retracte de su proyecto por este miedo impartido por otros.

9. Debe aumentar tu bienestar

Por norma, lo que hagamos no debe ir en función de afectar nuestro bienestar. Casos muy puntuales se pueden presentar donde tenga que sacrificar algo para, en un plazo determinado, alcanzar un estado mejor. Aún así hay que tener precaución al descuidar nuestro bienestar por un prolongado periodo. No comparto la idea, por ejemplo, de sacrificar vida a cambio de dinero.

10. Evitar satisfacer las expectativas de otros

Basta ya de vivir la vida que otros quieren que vivamos. Debemos asumir nuestra posición como seres autónomos y responsables de nuestra propia existencia. Debo cuestionarme si estoy haciendo algo solo para agradar a otros.

11. Decidir desde el amor y no desde el miedo para tomar buenas decisiones

Me gusta mucho la definición bíblica del amor:

El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia. 1 Cor 13:4-7 (NTV).

No mucho que agregar, en realidad. El miedo, por el contrario, es la sensación de angustia que nos sobreviene cuando pensamos en algo y pensamos que no tenemos los recursos o información suficiente para afrontarlo. Por ejemplo, estudiar determinada carrera por el estatus que me va a representar a futuro y no por lo ligado que esté a mis habilidades o pasiones (miedo a la escasez). Identificar sobre cuál plataforma nos estamos parando al tomar la decisión.

12. Gestionar nuestras emociones

Aprender a gestionar nuestras emociones es prácticamente imprescindible en este tiempo, no solo para alcanzar el éxito en lo que hacemos, sino para vivir con equilibrio en las diferentes áreas. Lograr identificar nuestras emociones, autoregularnos, trabajar en nuestra empatía y mejorar nuestras relaciones interpersonales contribuye a que cada decisión que tomemos sea sostenible a nivel emocional y relacional. 

13. Disfrutar del camino

No es suficiente con establecer una visión sino disfrutar del recorrido que nos lleva a ese lugar. También es válido agregar que una buena compañía lo hace todavía mejor. 

Seguro que uno u otro punto te será de mucha utilidad. ¡A ponerlos en práctica! 🙂

 


REFERENCIAS

 

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